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El nacimiento de una editorial de cómics

Por fin, después de cinco (5) años donde ha pasado de lo peor a lo mejor, se cierra un ciclo. Hace unos meses ya hice un avance en mi cuenta de Twitter, y va siendo hora que lo ponga por escrito.

Empieza la aventura

Todo empezó cuando Iván Sarnago me propuso unir fuerzas en un proyecto loco, que se llamó Vialoco, y que pretendía aunar un estudio de diseño y dibujo de cómics, escuela de dibujo y estudio de diseño de videojuegos.  Lo dicho: un proyecto loco.  Por dos años estuvimos metidos en lo que cariñosamente llamamos "la cueva".  Ahí recibíamos a alumos y clientes, y la cosa funcionaba, e incluso recibimos apoyo personal de gente que vino exclusivamente a ayudar.  Además empezamos a crear una autentica red social, combinando grupos de Facebook con chat y blogs:  Serie B Cómics.  Pero no terminaba de despegar.  Dándo vueltas a cuál podría ser la forma de salir adelante, surgió la idea aún más loca de añadir una editorial de cómics a la ecuación.  Total, ya habíamos conseguido publicar dos tomos de #ChicaDeSerieB gracias a Verkami, tampoco iba a complicar mucho las cosas, ¿no?

Pues venga, a empezar a pensar cómo hacerlo, hacer planes de publicación, buscar imprentas, diseñar canales de distribución...  Y pero esto era diferente y nuevo.  Parecía que estábamos acercándonos al día de empezar a publicar cuando las cosas se torcieron.  Fue la primera gran zancadilla:  un importante apoyo que teníamos nos dejó tirados.  No sólo se fue, sino que se llevó a personas importantes para el negocio y, lo peor, un resquemor nada sano en nuestra contra.  Fue un mazazo enorme, y nos pilló por sorpresa, pero en vez de achantarnos decidimos dar el todo por el todo.  Así nació el Saloncito del Cómic y la editorial Unrated Comics.

El Saloncito del Cómic

Buscamos local y el que encontramos, en la plaza Foramontanos, era un antiguo bar con licencia y todo, así que añadimos una cafetería a la idea.  Metidos ya en líos, qué más daba uno más.

Con mucho esfuerzo (físico y económico) arreglamos el local, contratamos a gente necesaria para hacer los trabajos, y en diciembre de 2015 abrimos las puertas al público.  El arranque fue lento, pero en pocas semanas tuvimos la escuela funcionando y la cafetería y el estudio echando humo.  Hubo presentaciones, charlas y celebraciones de todo tipo. Todo el que hablaba del Saloncito del Cómic decía maravillas.  Pero teníamos graves problemas:  el edificio en el que se situaba el local tenía claras deficiencias que los dueños y la comunidad no arreglaban, la parte editorial estaba atascada y el estudio daba más trabajo que beneficios.

En ese momento, por razones personales y de salud, tuve que dejarlo.  Fue difícil porque, como administrador que era de la Sociedad, me culpaba de que la editorial no saliera adelante.  A los pocos meses de dejarlo volví de visita y en la misma puerta de la cafetería vi cómo el editor y la relaciones públicas que habíamos contratado, y en quienes tanto Iván como yo depositamos la mayor parte de la confianza para que la cosa funcionara, se estaban despidiendo sin previo aviso.  Iván estaba tan sorprendido como yo.

No quedó desamparado Iván, porque de nuevo la gente se ofreció a ayudar.  Se tomó la decisión de cambiar de local y la mejora se hizo notar, pero no pasó mucho tiempo cuando, después de las vacaciones de verano, Iván me llamó y me hizo una propuesta.

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Allways bet on Momar

Fue entonces cuando me explicaron la situación real, y no era buena.  Resulta que el editor y la relaciones públicas que habían dejado colgado el negocio sin previo aviso habían estado malmetiendo a nuestras espaldas, mientras trabajaban para nosotros, saboteando negociaciones con alevosía, aprovechándose de nuestra generosidad y de la de nuestros amigos, y arreglándoselas para que pareciera que era yo el lastre.  Y no sólo eso, sino que una de las personas que se ofreció a ejercer de asesor empresarial cuando esos dos auténticos parásitos se fueron, había metido a la editorial en un brete de aúpa, aparte de cambiar de idea cada vez que se iba de parranda, que era cada fin de semana o más.

Y en esta situación Iván pretendía contratarme a mi como editor.  ¿Y qué hice?  Pues arremangarme y apechugar.

¿Y cuales son los resultados?  Pues ni más ni menos que en poco más de tres meses hice yo más que las personas que reclutamos en su momento hicieron en casi dos años, que pueden resumirse en tres:

  1. Apertura de una tienda de cómics y frikerías.
  2. Solventación de marrones acumulados por los anteriores responsables.
  3. Edición, publicación y distribución de dos (2) cómics, uno en grapa y otro en libro.

Es decir, una editorial que funciona, una tienda que vende, una academia con alumnos y, en definitiva, un negocio que funiona a pesar de las zancadillas que hemos tenido que sufrir durante cinco años.

Ha sido mucho tiempo, trabajo, sudor, lágrimas y más cosas  invertidas en estos cinco años, pero al fin está dando su fruto.  Ahora, a seguir trabajando, en este marzo tengo que tener listas otras dos grapas, ahí es nada.

Notas al pie:

Para dejar constancia de la catadura moral de la pareja en cuestión, quiero contar su último acto el mismo día que se despidieron.  Anteriormente, el estudio había trabajado en un diseño para un festival de la cerveza en Burgos capital.  Pues bien, él, el editor, no sólo se las arregló para que al final hubiera que hacer mucho más trabajo del presupuestado inicialmente (diez veces más, concretamente) sin que se enterara nadie, sino que encima cobró sólo lo presupuestado, y en cervezas (no dinero) que recogió ese mismo día y se llevó a su casa en Sevilla.

Etiquetas: Cómics, Saloncito del Cómic

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