Que sí, que sí, lo que yo te diga. El refranero miente. ¿Te sabes ese de "No por mucho madrugar amanece más temprano"? Pues no es cierto: a mi sí me amanece antes. Me explico.
De ordinario me despierto a eso de las siete para llegar a la oficina a las ocho y media. Pero claro, una cosa es despertarme y otra salir de la cama, así que normalmente no me muevo hasta las casi ocho, salvo para apagar las repeticiones del despertador, por lo que salgo espitado y sin haber hecho nada. No puedo evitarlo, me viene por herencia materna.
Sin embargo ayer, no sé por qué, se me ocurrió adelantar el despertador a las 6:30. ¿El resultado? Pues que antes de las ocho menos cuarto estaba sentado en la cama, ya hecha, vestido, desayunados (yo y el gato) y mirándome en el espejo de la puerta del armario, mientras Juan Ramón Lucas comentaba las portadas de los diarios por la radio. Y eso que me lo he tomado con tranquilidad.
Cosa curiosa es que estoy deseando repetirlo. Lo que pasa es que terminaré acostumbrándome y levantándome de la cama a las ocho, otra vez.
Yo que pensaba que iba a poder ponerme al día, y no es así.
Hoy he "terminado" una cosa (¡Por fin!), pero no se crean ustedes que significa que voy a estar más tranquilo y menos liado. No señores. Tengo, todavía, varios centenares de correos, algunos de cuando estuve de vacaciones este verano, tengo que revisar el Caralibro y el Tuentidad, porque parece ser que este último mes me han salido amigos como hongos (pero llamar para ir al cine, no llaman), tengo que cerrar un taller de títeres con la gente de Palencia, terminar de pulir varios artículos para aquí y "La Caída de Babilonia" y alguno tendré que abandonar porque, después de tanto tiempo, han perdido su sentido, hacer unos proyectos antes de que algún listo me los pise, todavía tengo cosas por ordenar en mi habitación (estuve este finde ordenando, no se crean), avanzar en la novela porque como tengo tanto amontonamiento no puedo seguir con ella ...
Paro, porque me agobio sólo de pensarlo. A ver si mañana cierro las vacaciones que me quedan para este año, y así tengo otra cosa hecha. Pero eso mañana. Ahora me voy a cenar, que ganas tengo.
Podrían alargar los días un par de horas, a ver si así...
Durante todo el Campo de Trabajo estuve impaciente por poder mudarme al nuevo piso. Una de las razones de esta impaciencia, como ya dije, es la luz.
El piso anterior era un bajo interior, así que amanecía a eso de las doce o una y anochecía a las dos, poco más o menos. Por esta razón, un domingo cualquiera me despertaba a las nueve pero no salía de la cama hasta las once, porque tengo tantas ganas de orinar que me duelen los riñones, utilizo una o dos horas en desayunar y el resto del día me lo pasaba dormitando en el salón delante de la tele. Un asco, vamos.
Este piso también es interior, pero es el penúltimo por lo que amanece y anochece a horas más normales. Así que hoy a las nueve ya estaba arriba, he desayunado tranquilo pero sin pausa y he recogido buena parte de mi habitación consiguiendo espacio libre para poder mover la silla del ordenador (todavía tengo cosas esparcidas en cajas por los suelos), he ordenado los bártulos de afeitar, peinar y similares, he hecho la cama (hasta ahora he estado durmiendo encima con saco, porque no tenía espacio para poder moverme y poner las sábanas) y he terminado a la una, sin estar cansado ni nada, así que he estado una hora comprobando correos y foros pendientes en Internet.
Juan dijo que no, que la luz no tenía nada que ver, pero yo creo que sí que tiene que ver. La luz natural tiene algo que no tiene la luz artificial, que te despeja y te da energía. Sí, me repito, lo sé, pero es que esta es la prueba. Esta tarde veré si puedo despejar algo más, o me dedique a escribir otro capítulo de la novela (ya voy por el cuarto), o vete tú a saber. La cosa es que tengo ganas de hacer cosas.
¡Que viva la luz!
Ya está firmado. Bueno, firmada mi parte, que queda la del dueño, pero ya tengo las llaves y puedo ir cuando me venga en gana. Ya no recuerdo cómo es una mudanza, y eso que experiencia no me falta cuando los dos primeros años que he vivido en Madrid he tenido una cadencia de un piso cada dos meses, poco más o menos. En este último llevo ya dos años, pero no creáis que le tengo mucho cariño.
El nuevo piso está sólo a quinientos metros, por lo que no tengo que aprenderme otra vez dónde están los lupanares comercios y todavía puedo ir al curro andando. Además, es muchísimo más luminoso. En el piso viejo sólamente es de día de once a dos (de doce a una en invierno), y quita las ganas de hacer cosas que es un primor. Juan, con quien he compartido un par de campos de trabajo o más, dice que eso da lo mismo. Pues chico, cuando me levanto por las mañanas y veo que por la ventana entra la misma luz que cuando me acosté, mi cerebro dice "sigue durmiendo", pero cuando entra un chorro de luz es como si tuviera placas solares o algo así, que me entran ganas de comerme el Mundo.
En cuanto a la mudanza en sí, me estoy mentalizando. Como siempre, desaparecerán cosas importantísimas y encontraré otras que dejé de buscar por imposibles hace meses o, diréctamente, ni recordaré que las tenía.
En fin, los que quieran saber mi nueva dirección, que la pidan y se la paso (No, Mr. Mwgongo, aunque usted no sepa qué hacer con los chorrocientos minolles de l€uros de su banco que nadie reclama desde hace años, no pienso dársela, así que no insista). Y si van a visitarme, avisen antes para me de tiempo a deshinchar la muñeca, que si no no tendremos sitio en la cama.
Pues sí: parece que Babilonia vuelve porque acabo de publicar nueva entrada. No, si al final le voy a coger yo el gusto a esto de la güeb dos punto cero, oiga. En el fondo es fácil: llegas a casa, enciendes el ordenador y escribes lo que has estado rumiando en el trayecto, sin esperar, que si no "se me olvida". Ya sólo falta que lo leáis y me digáis qué os parece.
Lo que sí tengo que hacer es escribir una presentación en condiciones y ponerla en la portada, para tener las cosas claras desde el principio, aunque no creo yo que vaya a servir de mucho porque el que no sabe leer, pues no sabe leer...
Vaya, creo que no debería haber escrito lo último porque tengo pendiente una entrada en Babilonia acerca de saber o no saber leer y tal. Pero eso será otro día.
Hasta otro día.
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