Se lo decía a Rodri hace dos días: Tengo el cerebro "resequío". Para muestra, esta misma bitácora que lleva más de un mes muerta de risa camino de acompañar en el limbo a La Caída de Babilonia y a mi tebeo. Y así, poco a poco, voy dejando las cosas pasar, para luego, que no estoy inspirado o no tengo tiempo. Fijaros hasta dónde llega mi desidia que mi padre ha creado su propia bitácora y todavía ni he entrado. Ya lo leeré cuando pueda, que tengo muchas cosas pendientes.
Y así hasta hoy.
Precisamente hoy, regresando del trabajo, me he dado cuenta de que no es que no tenga tiempo o que se me hayan resecado las neuronas ellas solas. Estaba pensando en la de cosas que tengo que hacer esta tarde, que si comprobar el correo, leer que hay de nuevo en Zona de Vicio y en PixFans, cuál es el nuevo embrollo en el que está metido David Bravo, qué esconde esa página chorra que descubrí ayer y que me tuvo entretenido dos... no tres... espera, ¿cuatro horas? Pues sí, hasta las mil y gallo estuve ayer. Claro, así que no tengo tiempo y que se me agotan las ideas.
Creo que tengo que revisar mis enlaces, marcadores y demás morralla y ser algo más selectivo respecto a lo que me apunto, porque seguro que no voy a morirme si no soy el primero en ver ese vídeo tan original que han colgado en nosedonde, donde se ve a nosequién haciendo nosequé. Sí, sí, originalísimo oiga. Y en estas chorradas pierdo tres o más horas al día.
En fin, si son ustedes creyentes, recen a su Dios (cuantos más sean mejor) para que me eche una mano y me dure este acto de contrición más de veinticuatro horas. Como recompensa, es posible que se me ocurre algo interesante que dibujar, escribir o, incluso, filmar.