Feed Rss, Atom Etiqueta Terraplanismo, 2 entrada(s)

Vuelve, por fin, nuestro querido Bandrán.  Esta vez nos presenta tres experimentos que deberían demostrar que nuestra Tierra es plana.

Al contrario de lo que suele creer la gente, la idea de que nuestro planeta es esférico es muy anterior a la Edad Media.  Ya en la Grecia Antigua, hace 2.500 años, se sabía este hecho.  Sin ir más lejos, Eratóstenes, que fue bibliotecario de Alejandría, calculó su diámetro con bastante precisión, así como las distancias con el Sol y la Luna y sus tamaños1, utilizando estos cálculos para defender el Sistema Heliocéntrico, hechos que inspiraron algunas escenas de la película Ágora...  Pero me estoy desviando del tema.

Volviendo a “La Tierra Plana”, queda claro que en la antigüedad, al menos en Occidente y buena parte de Oriente, ya se sabía que la Tierra era esférica.  Únicamente durante los inicios del Cristianismo algunos teólogos cuestionaron este hecho por las razones bíblicas que menciona Bandrán.  Sin embargo la propia Biblia sugiere también la esferidad de nuestro Mundo en otros pasajes, como en Isaías 40:22, aunque como siempre depende de la traducción usada puesto que algunas usan en este versículo “redondez de la tierra” y otras “el globo de la tierra”.  Una vez más, la propia Biblia nos demuestra que no es una fuente fideligna de casi nada.

Actualmente existe La Sociedad de la Tierra Plana, un grupo creado por el inglés Samuel Birley Rowbotham a mediados del Siglo XIX tras publicar un panfleto que, según él, demuestra científicamente que la Tierra es un disco plano cuyo centro el Polo Norte.  Sus miembros llegan a afirmar que los gobiernos del mundo lo reconocen como hecho y su prueba es la bandera de las Naciones Unidas.


Bandera de la ONU.  Fuente Wikimedia.

No lo sé a ciencia cierta, pero creo que esos tres experimentos que propone Bandrán forman parte del panfleto terraplanista.  Si no lo sé es, simplemente, porque soy incapaz de leérmelo completo.

En fin, basta ya de circunloquios y pasemos a rebatir los experimentos.

Aprovechando que últimamente viajo mucho en tren, realicé el primero de los experimentos en un Talgo.  Primero esperé a que el tren alcanzara una buena velocidad y la mantuviera constante, lo que no fue difícil ya que ahora los trenes tienen pantallas donde la muestran, y en mi caso fueron unos nada despreciables 250 Km./h., algo menos de 1/6 de la velocidad de rotación de nuestro planeta.  Bueno, pues entonces, y como no había nadie sentado en el asiento de al lado, dejé caer mi móvil sobre el asiento varias veces, primero a unos centímetros y luego más arriba llegando a un metro.  ¿Sabéis qué?  Que el móvil caía verticalmente... desde mi punto de vista.  Este mismo experimento lo realizó por primera vez Galileo Galilei, sólo que en vez de en un tren lo hizo en un barco tal y como describe en su “Diálogo Sobre Dos Nuevas Ciencias”2, inspirando otra escena de la mencionada Ágora3.

El segundo experimento falla por su propia peso.  Perdón por el mal chiste, pero es que lo han dejado a huevo.  Obviando la confusión entre masa y peso, se ha calculado la masa de la Tierra en 5,973.600,000.000,000.000,000.000 Kg. (cerca de los seis cuatrillones de kilogramos), mientras que la mía es de unos 72'5 Kg.  No estoy seguro, pero juraría que para que se diera la misma relación de masas entre el globo o pelota y el trocito de papel, este último debería tener un tamaño literalmente microscópico.  Por otro lado la densidad media de la Tierra es muy superior a la del globo, pero aunque este tuviera la misma densidad (con lo que tendría una masa de varios kilogramos) el papel debería seguir siendo microscópico.  ¿Debo seguir?

Por último habla de que si vemos más lejos cuanto más alto estamos es debido a que la Tierra es plana, puesto que si fuera esférica no podríamos ver nunca más allá del horizonte, lo explicaré con el siguiente esquema.


El horizonte según la altura en una esfera.

Creo que se ve bien cómo el horizonte va bajando hacia el ecuador según aumenta la altura.  Comparémoslo con una Tierra plana:


El horizonte según la altura en un plano.

Como se puede ver, este experimento demuestra exactamente lo contrario de lo que postulan los terraplanistas.

Por hoy, ya está bien.  Sedme buenos, y leed mucho y cosas de calidad para que no os engañen.


1 El tamaño del Sol fue una estimación ya que no le fue posible observarlo diréctamente.  Simplemente basándose en el hecho de que los objetos se ven más pequeños cuanto más lejos están, llegó a la conclusión de que el Sol era astronómicamente más grande que la Luna, puesto que estaba astronómicamente más lejos.

2 También se la conoce como “Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo” (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo [1632]).  Varios extractos pueden leerse en el libro “A Hombros de Gigantes”, que recomendé en este artículo.

3 Y ya que estamos, Hipatia no era la joven de sugerentes formas que describe la susodicha película, sino una venerable anciana de más de 45 años (algunos historiadores dicen que podría tener hasta 60 años cuando murió, lo que superaba con creces la esperanza de vida de la época).

Categorías: Babilonia

Nuestro amigo, el Hermano Bandrán, vuelve a la carga. En esta ocasión se limita a recomendar la web de la «Academia en Investigaciones Creacionistas» (el enlace está en el artículo original). Encontré esta web en la sección de referencias del artículo de la Wikipedia dedicado al creacionismo (y aprovecho la ocasión para recordar que nunca hay que quedarse con lo que dice la Wikipedia, sino que siempre hay que indagar en la bibliografía y las referencias). Esta «academia» es un buen ejemplo en cuanto a la defensa creacionista en general y cristiana en particular, por lo que casi seguro que volverá a aparecer en el futuro. En principio tenía la intención de comentar un único artículo, pero es que indagando en la misma he encontrado tal cantidad de despropósitos que creo que se merece un comentario general, de ahí que el Hermano Bandrán no se haya decidido todavía por ninguno.

Leyendo varios de los artículos que publican, por encima la mayoría pero alguno con detenimiento, creo que he encontrado el problema que parecen tiene los creacionistas que les impide aceptar la ciencia. En concreto creo que los creacionistas no terminan de entender en qué consiste el método científico. Aunque yo no soy un científico, voy a tratar de explicar uno de los aspectos característicos de este método y que parece ser el que comprenden menos, y que además utilizan frecuentemente para intentar desacreditar los avances de cualquier ciencia que no encajen en su entendimiento del Mundo.

En los textos defendiendo el creacionsimo pueden leerse frecuentemente expresiones como las que he resaltado del siguiente texto, extraído de uno de los artículos:

Basados en suposiciones previas, los antropólogos evolucionistas proponen ahora (siempre cambian conforme su suposición anterior fracasa, o se descubre como falsa), que los humanos evolucionaron de dos tipos de simios que ‘caminaron’ hace unos 50 millones de años. (...) [Artículo ¿Fósiles de transición?]

Un argumento repetido hasta la saciedad por los anti-científicos es que los científicos andan cambiando de parecer cada dos por tres, como si fueran veletas. Supongo que creen que cada vez que un científico publica una hipótesis o teoría, la teoría anterior es desechada por completo y tirada a la basura para ser sustituida por la nueva. Nada más lejano a la realidad. La práctica totalidad de los nuevos teoremas, hipótesis, fórmulas, etc. están basadas en trabajos anteriores, a los cuales completa o mejora, pero no por ello desecha, incluso aunque en algunas ocasiones parezca que es así.

Sir Isaac Newton escribió una vez: Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes. [Carta de Isaac Newton a Robert Hook, 1676.] Los gigantes a los que se refiere son los científicos e investigadores que le precedieron en los campos de la física, gigantes como Nicolás Copernico, Galileo Galilei y Johannes Keppler, entre otros, cuyos trabajos sirvieron de base al de Newton y los de este, a su vez sirvieron de base a otros como Max Plank y Albert Einstein, y los de estos sirven ahora a Stephen Hawking, Edward Witten y muchos otros. El trabajo de cada uno completa al del anterior, añadiendo nuevos datos y conceptos o corrigiendo y perfeccionando aquello que el anterior no terminó de concretar o en aquello en que estuviera errado, y sirven de base para el futuro. Para comprobar cómo funciona este proceso, recomiendo la lectura del libro A Hombros de Gigantes*, libro que recoge extractos de las obras de Copernico, Galileo, Keppler, Newton y Einstein, explicando el contexto histórico y científico en el que desarrollaron sus trabajos y cómo se vio influenciado por otros científicos y cómo influyen en trabajos actuales.

En el resto de las ramas científicas pasa exactamente igual, puesto que es una condición indispensable de la Ciencia. El caso de la evolución, a la que se hace referencia en el texto que he citado al inicio, no es una excepción. Charles Darwin, considerado el padre de la biología evolutiva, no saco sus teorías «de la nada», ni tampoco las obtuvo únicamente de sus propias observaciones, sino que se basó e inspiró en el trabajo de biólogos y naturalistas anteriores y contemporáneos. Es más, su teoría de la evolución no fue la primera sino otra más de una serie que se remonta a la Grecia Clásica o incluso de la antigua India, donde varios filósofos ya propusieron la posibilidad de que las especies animales y vegetales evolucionan a lo largo del tiempo. Y famosa es la teoría evolutiva del naturista frances Jean-Baptiste Lamarck, la cual se adelantó unos 50 años a la propuesta por Darwin.

Este es otro concepto que los creacionistas tampoco parecen comprender: ¿Cómo es posible que una teoría o hipótesis sea considerada como falsa y, aun así, servir para mejorar el conocimiento? La respuesta nos la da la sabiduría popular en forma de refrán: De los errores, se aprende, y eso hace la Ciencia: aprender de los errores.

Y ya termino. Creo que lo que he escrito es correcto, pero si hay algún error, no dudéis en hacérmelo saber.


*: A Hombros de Gigantes [The Illustrated On The Shoulders Of Giants], Crítica 2004, ISBN: 84-8432-568-7.

Categorías: Babilonia